Intérpretes en conflictos: los límites de la neutralidad

Más de una vez se ha planteado en el seno de nuestra Asociación la necesidad de repensar nuestra profesión y el lugar que nosotros, junto con ella, ocupamos en el mundo.  Y nunca me aparece con mayor claridad la necesidad de hacerlo que cuando sesudamente nos preguntan, principiantes o legos, sobre la responsabilidad de nuestro trabajo y los conflictos morales que podría entrañar. La mayor parte de las veces, los que aparecen como tales son dudas sobre la traducibilidad de una expresión soez o la libertad de enmendar una expresión desafortunada con otra más feliz, o tal vez más  correcta políticamente, claro está, si se quiere servir el papel de mediadores del diálogo y hasta de portadores de mensajes de paz, que beatíficamente nos reservamos.

Es como si nuestro reino no fuera de este mundo. Lo más lejos que nos ha portado la imaginación en nuestros debates volcados hacia el futuro de la profesión pasa por la tecnología, video o tele conferencia, sí o no, y en qué condiciones. Y sin embargo vivimos en un mundo que, salvo en nuestra pequeña crisálida de bienestar, está inmerso en conflictos de horror donde mueren a diario personas en las situaciones más abyectas. Léanse para muestra los titulares del día, llevan nombre propio y se llaman Darfur, Bagdad, Tikrit, Kerbala, Kabul, Beirut, Sderot, Gaza, Ramalah, Argel, Madrid, Nueva York, Colombo, y hasta hace poco, Kosovo, Serbia, Croacia, Bosnia o Srebrenica.

Si la vocación de mediadores neutros no nos permite integrarnos, participar o incorporar en nuestras reflexiones profesionales esa realidad, ni siquiera en nuestras reflexiones sobre la ética profesional, me pregunto si esa vocación también nos impone silencio ante el secuestro, la manipulación y la muerte de nuestros colegas que trabajan en esos escenarios. He ido guardando recortes de los intérpretes muertos en acto de servicio; ya llenan una caja de zapatos. La única cifra que los contabiliza ha sido revelada por la Federación Internacional de Traductores (FIT) y son 216. Sólo en Irak. Después de los soldados, constituyen el mayor grupo de víctimas civiles de ese conflicto.   Ignoro si hubo alguna honrosa excepción, no la conozco, pero no ha merecido atención en nuestras publicaciones, ni muestras de solidaridad de nuestros órganos, asambleas, Consejo y tampoco apoyo alguno.

El último ejemplo ha sido el de Ajmal Nagshabandi, intérprete del periodista italiano Daniele Mastrogiacomo, secuestrado por los talibanes y liberado en un intercambio. El intérprete, al igual que el chofer, no merecieron ser intercambiados y fueron asesinados. Eran sólo afganos de a pie. Por ellos no se justificaba, al parecer, hacer una excepción a la doctrina de que "con los terroristas no se negocia". El intérprete, mantenido como rehén durante semanas, ni siquiera mereció una muestra de solidaridad de sus colegas en el mundo. Pero, sí se movilizaron por él los ciudadanos en las calles de Italia, con el apoyo de la Federación Europea de Periodistas. Sus colegas intérpretes se mantuvieron en silencio. ¿Un silencio neutral? ¿Indolente? ¿Interesado?

Me resisto a sospechar una respuesta corporativista: Como no son miembros de la Asociación, tampoco están en el mundo. Creo que el velo delante de nuestros ojos no es corporativista, aunque para algunos puede que se aplique, sino conceptual. Nos tenemos creído que a los intérpretes de verdad, o sea a nosotros, los de esta sociedad democrática y de esta Asociación con vocación universal, nos están reservados los espacios vacíos entre las culturas donde operamos como agentes neutrales, reservados, discretos y eficaces del entendimiento entre los pueblos. ¿Reservados y discretos al punto de ser insolidarios? No puedo creer que sea así. Tal vez se imponga una revisión de conceptos hasta ahora sostenidos como axiomas.

La idea del intérprete inmaculado, que extrae del discurso los elementos esenciales y los vuelca en un idioma de versión sin aristas ni asperezas para mejor servir la causa de la comunicación, y al margen de contextos e intenciones que están mucho más allá de la propia situación comunicativa es una idea teóricamente joven -¿qué son 60 años?- que se compadece mal con la historia de la profesión y menos con la situación actual. Los intérpretes han sido, hasta hace nada, parte del cuerpo diplomático y de los ejércitos. Imprescindibles en las avanzadillas que recaban inteligencia en zonas en disputa o en campo enemigo. Exactamente como sucede ahora en esos frentes. ¿Dónde, si no, son secuestrados y asesinados los intérpretes que caen en los conflictos antes mencionados? ¿También allí les está reservado el espacio neutro que separa dos civilizaciones? ¿O, sencillamente, sirven los objetivos de inteligencia marcados por la parte que contrata?

Narrativas incompatibles

En este sentido me han parecido particularmente pertinentes los conceptos que sobre narrativa, en teoría social, y narrativas sobre traducción, desarrolla Mona Baker[i] de la Universidad de Manchester. Baker recurre, en general, a los modelos conceptuales de Somers y Gibson[ii]  (1994) que le ayudan a categorizar una narrativa como un instrumento de la mente al que se recurre para construir la realidad. Después de distinguir diversos tipos de narrativa, ontológica, pública, conceptual y meta narrativas, las utiliza  para poner en entredicho los discursos al uso en teoría de la traducción.

Resumiendo, y esperando hacer justicia a su trabajo, podemos decir que las narrativas "ontólogicas" equivalen al modo en que percibimos nuestra historia personal y su lugar en el mundo. Las narrativas "públicas" circulan entre instituciones como la familia o los gremios o los grupos políticos y son conceptos como el "papel del padre de familia" o la "libertad de palabra", etc. Las narrativas "conceptuales" son nociones creadas por investigadores o  disciplinas científicas que terminan imponiéndose al resto de la sociedad, como la "lucha de clases" o el "choque de civilizaciones". Por último las "meta narrativas" o "narrativas maestras", concepto introducido por Lyotard[iii], son grandes categorías de conceptos interrelacionados que incorporan todo nuestro quehacer personal o científico como las ideas sobre el "progreso", el "espíritu humano", la "ilustración", la "industrialización", dice Baker siguiendo a Somers y Gibson, para incorporar luego el concepto más actual de "guerra contra el terror", que no contra el terrorismo, que es otra cosa.

Baker añade a estas categorías la "acumulación", un concepto de Bruner[iv], (narrative accrual) que le lleva a afirmar que la apropiación selectiva de determinados hechos y la acumulación narrativa permiten que se diseminen las narrativas maestras del progreso, la ilustración, el terror global, la democracia occidental, etc.

"It goes without saying that narratives do not travel across linguistic and cultural boundaries, and certainly do not accrue and develop into global meta narratives without the direct involvement of translators and interpreters". (I would like) "to draw attention ...to the way in which our own conceptual narratives in translation studies seem to be at odds with narrative theory... and with documented involvement of translators and interpreters in a variety of conflicting narratives."[v]

Las narrativas al uso en los estudios de traducción o interpretación las conocemos bien. Son nuestro pan cotidiano. Partimos de la base de nuestras buenas intenciones. Nuestro trabajo de mediar y facilitar del diálogo sólo puede conducir a buen puerto. Pero la idea ingenua de que estamos en un terreno neutral, en la tierra de nadie que se abre entre dos narrativas, cae en pedazos si nuestra tarea es reunir información de inteligencia sobre el terreno, o sonsacar información de un prisionero o de un herido del otro bando, o servir una causa que reprobamos moralmente. ¿O sucede que no la reprobamos? Ni siquiera nos lo planteamos, porque estamos protegidos por la vanidad de nuestro papel de mediadores neutros. ¿Fueron agentes neutros los intérpretes de Hitler? ¿O los de Stalin? ¿O los de de Gaulle, Churchill o Franco? ¿También operaban en los espacios libres entre dos narrativas? O estaban comprometidos con un discurso y con una causa. Los talibanes que mataron a Ajmal Nagshabandi por complicidad con un mundo occidental que los combate son coherentes con sus ideas. ¿Lo son los intérpretes occidentales que creen en su "neutralidad" pero no la defienden, ni dicen una palabra para sacarlo del cautiverio o por evitarle la muerte?

"...I would argue that by over-romanticising the role of translation and translators as peace giving enablers of communication, we abstract them out of history, out of the narratives that necessarily shape their outlook on life, and in the course of doing so we risk intensifying their blind spots and encouraging them to become complacent about the nature of their interventions, and less conscious of the potential damage they can do... No one, translators included, can stand outside or between narratives. Hence, a politically attuned account of the role of translation and translators would not place either outside nor in between cultures. It would locate them at the heart of interaction..."[vi]

La neutralidad como violencia

Seguramente no basta con una actitud profesional y ecuánime durante el acto de la interpretación si circunstancias más fuertes se imponen. El testimonio de los intérpretes reclutados por la Misión de Observación de la Comunidad  Europea (ECMM) durante el conflicto territorial entre Serbia y Croacia de 1991-1992 es también revelador.  Los intérpretes croatas que se presentaron a la convocatoria eran voluntarios. Sus testimonios han sido recogidos por una psicóloga social croata que investigaba el trauma, que la necesaria "neutralidad" en la situación de traducción de la guerra, podría haber producido. Lo presenta Zrinka Stahuljak[vii] en su artículo: "The violence of neutrality: translators in and of the war: (Croatia 1991-1992)".

Los intérpretes, no obstante haberse presentado voluntariamente a la ECMM, pensaban poder cumplir con su obligación de recoger testimonios de la guerra con la ecuanimidad que exigían los observadores de la CE y su ética profesional. Pero no dejaban de ser voluntarios, patriotas de una causa: la de recoger testimonios que a la postre terminarían por dejar claramente establecida la razón de los croatas en su conflicto con la parte serbia. Se sentían como "embajadores" de la causa croata. A pesar de su deseo de actuar con neutralidad en las situaciones en que interpretaban testimonios, admiten que en los tiempos libres, entre intervenciones, podían hablar con los observadores y explicar las cosas desde su punto de vista. Es más, reconocen que ese punto de vista llegó a colarse en algunos casos durante la interpretación, respondiendo incluso por los testigos entrevistados, hechos que merecieron reprimendas y hasta una expulsión, por parte de los observadores de la CE.

La tarea de interpretar los horrores de la guerra y mantener el tipo de la neutralidad fue una prueba de resistencia emocional que no sólo se gratificaba con la nimia esperanza de que los testimonios interpretados acabaran por reivindicar su causa, sino que además era sancionada por el ejército croata con acusaciones de traición por servir los intereses de la Unión Europea, sospechosa de favoritismo con la causa serbia.

Engraving of an interpreter being punished for an alleged intentional change of meaningLa violencia de la neutralidad a que se refiere el título del artículo, es la violencia de negarle a los intérpretes, no ya los espacios vacíos y neutrales entre dos discursos, porque no existen, sino la violencia de negarles cualquier espacio. Denostados por las narrativas tanto serbia como croata y sospechosos de no ser neutrales para los observadores, los intérpretes estaban en una situación de desamparo, carentes, no ya de un espacio lingüístico, sino social y vital.

En situaciones conflictivas los espacios neutrales o lingüísticamente neutrales, no sólo no los encuentran los intérpretes, sino que además no los reconocen las partes en conflicto. De los cinco intérpretes que tuvo Stalin entre 1939 y 1945, tres murieron a manos de la policía política, la NKVD y el cuarto mientras era interrogado por Beria. El quinto, Berezhkov sobrevivió las inquinas de Beria gracias a la protección de Molotov que le permitió llegar a viejo.

El auge de los secuestros y asesinatos de intérpretes en el polvorín de Medio Oriente también tiene que ver con el hecho de que se los identifica con una de las partes y poco cuenta la pretensión de neutralidad que puedan esgrimir las víctimas. Como tampoco tienen valor de cambio, se los  liquida alimentando la táctica de "quemar los puentes", dentro de una estrategia deliberada que pretende cercenar toda posibilidad de comunicación. No hay espacios vacíos o neutrales entre la narrativa talibán y las de la coalición en Afganistán o de los lectores de Mastrogiacomo en el diario La Repubblica.

Es verdad que la situación de los intérpretes en conflictos no es comparable a las que nos encontramos, más cómodas y cotidianas, en el primer mundo. Pero, acabamos de comprobar que la cháchara celestial sobre el lugar del intérprete entre dos discursos y sus beatíficas funciones de garante del diálogo y propiciador de la paz no pueden aplicarse universalmente y, menos aún, allí donde son más necesarias, en caso de conflicto armado o cuando la distancia entre dos narrativas es abismal.

Un cambio de ese calibre en la forma en que percibimos nuestro trabajo y su lugar en el mundo casi equivale a un cambio de paradigma. Y eso, no lo consiguen ni el pensamiento ni la academia por si solos. Si ha de realizarse, deberá hacerse entre todos. Un mundo en conflicto necesita más actitudes solidarias y menos "embajadores de la paz". No es desde la barrera de la neutralidad, aunque pretenda ser lingüística, que se torean los astados de la intolerancia y de la muerte. Se hace dentro del ruedo, participando en el diálogo y sin miedo de sacar a relucir los colores.

Aunque no sea más que anecdótico, nuestro silencio en el caso de Ajmal ha sido estridente. Si fuera el heraldo de una reflexión sincera y de calado, su sacrificio no habrá sido completamente en vano.

NOTAS

[i] BAKER, Mona: Narratives in and of Translation, en SKASE JOURNAL OF TRANSLATION AND INTERPRETATION, Vol 1 - 2005, Nº 1 y TRANSLATION AND CONFLICT. MEDIATING COMPETING NARRATIVES. 2006, Routledge (Taylor and Francis)

[ii] SOMERS, Margaret R. y GIBSON, Gloria, 1994: Reclaiming the Epistemological ‘Other': Narrative and the Social Constitution of Identity" en Craig Calhoun (Ed.), SOCIAL THEORY AND THE POLITICS OF IDENTITY. Oxford UK & Cambridge USA: Blackwell, 37-99, (quoted by Baker).

[iii] LYOTARD, Jean François,1979, La Condition Postmoderne, Collection Critique, Les Editions de Minuit

[iv] BRUNER, Jerome: 1991: The Narrative Construction of Reality. CRITICAL INQUIRY 18(1), 1-21- (quoted by Baker).

[v] BAKER, Mona: Narratives in and of Translation, Ibid.

[vi] BAKER, Mona: Ibid

[vii] STAHULJAK, Zrinka; 1999: The Violence of Neutrality in and of the War (Croatia, 1991-1992), COLLEGE LITERATURE 26(1): 34-51, Special Issue, Cultural Violence.

OTRAS LECTURAS

TYMOCZKO, María, 2003: Ideology and the Position of the Translator: In What Sense is a Translator "In Between?", in María Calzada Pérez (Ed.): APROPOS OF IDEOLOGY - TRANSLATION STUDIES ON IDEOLOGY - IDEOLOGIES IN TRANSLATION, Manchester: St Jerome Publishing, 181-201.

BRUNER, Jerome, 1986: ACTUAL MINDS, POSSIBLE WORLDS, Cambridge, Harvard UP



Recommended citation format:
Eduardo KAHANE. "Intérpretes en conflictos: los límites de la neutralidad". aiic.ca June 12, 2007. Accessed April 21, 2018. <http://aiic.ca/p/2690>.